Apuntes de una obrera

Caso 1. «Consultor internacional» llega a mi oficina para entrevistar a la persona a cargo del programa de seguridad ciudadana. –Soy yo, le digo por segunda vez. –Perooo, y no hay un jefe del proyecto? –Yo soy la jefa del proyecto, le repito, pero para que te sientas más cómodo te puedo conseguir a un tío encorbatado y algo mayor que yo para que charlen y yo me le escondo detrás a soplarle las respuestas al oído.

Caso 2. Un tipo llega a la sala del Foro de Balance Electoral en el que ya se encuentran 5 participantes mujeres, un pequeño grupo de jóvenes, y yo, que estoy organizando unos documentos en la mesa principal. El tipo entra hablando por teléfono a toda boca: ¡Sí, Fulano, ya aquí estoy en lo del evento pero aquí no hay nadie!

Caso 3. Acabo de inaugurar el foro económico y un periodista se me acerca, micrófono en mano: –Oiga, muy buenas sus palabras, la felicito. ¿Me podría llamar a alguno de los expertos que me pueda hablar de la organización del foro, objetivos, resultados, etc? –No creo, ninguno de los expertos invitados trabajó en la organización del foro. –Hmm, y ¿hay aquí alguna persona importante? –Por supuesto, lxs participantes y expositorxs. –Me refiero a que si hay alguien a quien pueda yo entrevistar. –Hmm, sí, pero ¿como qué aspecto debería tener?

Caso 4. Acto inaugural del Foro de Seguridad. En la mesa principal: el diputado presidente de la comisión de seguridad, el alcalde trasanterior y yo. Maestros de ceremonia de la alcaldía para congraciarse con su jefe cambian el orden y me dejan de última pensando que el más importante habla primero en la inauguración. Así que después de que el tipo planteó todas sus barbaridades, lo destacé. «Y así damos por inaugurado este foro», dijeron sonrientes y despistados los presentadores pidiendo un fuerte aplauso, mientras que su jefe se retorcía en la otra esquina de la mesa, al borde de la embolia. Al menos no ordenó que me arrestaran.

Caso 5. Encuentro regional de partidos progresistas en Heredia, Costa Rica. Juntamos a principales líderes partidistas con lo más granado de la academia y el pensamiento político latinoamericano. Con las panelistas mujeres nos lucimos al triple trayendo a las non plus ultra de la ciencia y práctica política. Panel sobre Proyecto político: debate intenso. Panel sobre Democracia interna: debate intenso. Panel sobre Situación de las mujeres en los partidos: 80% de los «líderes políticos» se sale a fumar, hacer llamadas y beber café. Panel sobre Movimientos sociales: Regreso masivo a la sala del evento.

Caso 6. San Salvador. Estamos trancados en la discusión de un problema. Entonces Fulana se levanta y hace una propuesta brillante. No pasa nada. Zutano se levanta y dice que la solución es lo que ha dicho Fulana. Lo aplauden, y todos los que le siguen en el uso de la palabra encomian la magnífica propuesta de Zutano. Fulana, ya ninguneada de la historia, desde la hilera de enfrente me mira con tristeza. «Parece que por fin hemos llegado a un consenso gracias a la propuesta de Zutano», va concluyendo el moderador. Yo levanto la mano y pido la palabra: «Momentito, maestro. Acá hay un error.»

Caso 7. Mi jefe europeo insistía en que organizara un seminario informativo sobre el Acuerdo Unión Europea-Centroamérica con parlamentarios, y que la expositora fuera yo misma ya que para eso me habían capacitado varios años y para mí sería pan comido. Pero el día del evento el mandamás político me llama aparte con la cara destemplada diciéndome que él pensaba que vendría un expositor internacional. Le dije que no se preocupara, que ahí también estaba mi colega que era economista y profesor universitario. Un ardid, porque yo había llevado a mi colega de cómplice solo para que se sentara al lado mío, porque como varios de estos parlamentarios me habían conocido hacía años como joven asistente, asumía yo que no me tendrían respeto intelectual. Pero, para mi sorpresa, los diputados me prestaron atención religiosa, tomaban notas, hacían preguntas, discutíamos amenamente y agradecieron el panorama del cual no estaban al tanto y que en algún momento les tocaría debatir y votar su aprobación. Poco a poco, al jefe político se le fue transformando la cara, y espero que el pensamiento.

Caso 8. Si hemos de hablar con sinceridad, el seminario no estaba quedando muy bueno y cada resultado parecía alejarse más de los objetivos. Así que a la hora del almuerzo, después de coordinar la reorganización de la sala, bajé desanimada y cabizbaja, justo a tiempo para colocarme silenciosa al final de las últimas mujeres de la fila del buffet. Y entretenida en el desaliento de que nada de lo acontecido lograba satisfacerme, fue que escuché cuando la penúltima de la fila que iba conversando con la antepenúltima, exclamó: «¡Qué grande es Dios! Qué me iba yo a imaginar que hoy en mi cumpleaños iba a estar aquí participando de este seminario y que hasta iba a almorzar en un buffet». Verdaderamente que Dios es grande, dijo la otra. Entonces yo, que no creo en dios alguno, supe que el seminario había valido la pena.