Casco Viejo



Iglesia de La Merced

Hoy que volví al Casco Viejo, estuve en la Iglesia de La Merced, en la que me bautizaron, en la que se casó mi abuela, en la que la despedimos a ella y a mi madre antes de lanzar sus cenizas al mar de Las Bóvedas. Y aquí también fue el sepelio de mi abuelo Cirilo y de papá Emilio, los dos difuntos esposos de mi abuela, aunque no fueron esposos a la vez ni se murieron juntos, esto hay que aclararlo.

Aquí fue donde le confesé al cura haberle pecado al 5° mandamiento y tras su breve pero alarmada investigación, me aclaró que ese que yo decía no era el 5° sino el 4°, que la próxima vez pusiera más cuidado.

Y ahí está el púlpito donde un día, a mis 10 años de edad, me dejaron hacer la primera lectura porque mi madre, detrás de mí, estaba a cargo de la segunda. Y cuando mi vocesita aflautada entonó: 1a carta del Apóstol San Pablo a los Colonenses, mi madre carraspeó y yo corregí enseguida: a los Colosenses, pero muy triste por la gente de Colón* que no recibió la carta.

Aquí también está un cristo moreno al que le estuve rezando varios días, pero cuando lo miré bien y leí que se llamaba Cristo Pobre, ya dejé de pedirle porque ví que el pobre estaba más jodido que nosotros. Entonces me cambié de santo y ya fui más observadora y así fue que me quedé con San Pancracio, que tenía pluma y cuaderno y estaba jartísimo de velas porque era el que conseguía los empleos.

Y ahí está en el patio la campana de 1761, que alguna vez mi hermano Pacho, por fin a los quince, logró hacer sonar en la torre del campanario, mientras yo lo saludaba y le hacía porras desde la calle y él me hacía señas bruscas de que me quitara porque me iba a matar un carro y yo no le entendía, hasta que los carros comenzaron a pitarme.

 



Farmacia Preciado

La antigua Farmacia Preciado, en Avenida 7a Central frente a la bajada de la Calle 10a, donde el propio Licdo. Preciado te atendía y en cada año nuevo te regalaba un Almanaque Bristol. Aquí metía un centésimo en la báscula y siempre me daba el mismo peso, 95 libras, y un consejo de cambiar mi mal carácter o de tener cuidado con un extraño que me observaba. Aquí esperaba yo el autobús 50 del IJA y aquí compré mis primeros polvos de Angel Face y los primeros polvos Maja que le regalé a mi madre en cuanto conseguí un trabajo.
Me alegró mucho ver que salvaron los mosaicos con los letreros de Drug Store y Perfumes que estaban en cada una de las entradas.