Don´t be my Valentine

Pronto será día de enamorados y una vez más he respirado aliviada porque el último año con aquel sinvergüenza la cena me salió por más de 100 dólares y el gentío en el restaurante jurando amor eterno era insoportable. Al volver a casa, vomité. Algo me afectó el hígado y sospecho que fue la cuenta.  Los últimos años todo ha sido más lindo. Mi hija mayor y yo hacemos espaguetis y sacamos la mesita para cenar en el balcón. Si la brisa es muy fuerte un bocado de espagueti enrollado en mi tenedor puede salir volando y jamás llegar a mi boca, lo he visto en un capítulo de Los 3 Chiflados.  Durante la cena me quedo viendo lejos y me pregunto cómo estará eso ardiendo en la terminal de transportes con todos esos muchachos del país mestizo y mulato llevando en sus brazos el osito de peluche blanco de corazón rojo que dice I love you, y en los ojos un brillo de ilusión.  Olvidando que el osito es un mandato del mercado, por un momento amo «lo popular». A veces brindamos con algún vino que no nos gusta pero cuya botella artística queremos para florero. Luego de acostar al pequeño, y con todo el amor del mundo asegurado, nos sentamos a ver El Padrino y, una vez más, me quedo dormida mientras acribillan a Sonny.

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