Dos muchachas

En 1939, una muchacha del interior va caminando por una de las calles de la capital panameña, cuando se encuentra frente a frente con otra muchacha de su pueblo. Se abrazan con lágrimas en el rostro porque pensaron que jamás volverían a verse. Una de ellas escapó hace un año en busca de un nuevo mundo sin que se supiera de su paradero y la otra fue traída hace pocos días por un pariente lejano. Ahora se enganchan del brazo y caminan por las aceras. Van conversando y viéndolo todo y, de repente, una de ellas frena al pasar por un zaguán porque algo la llama. Al final del pasillo oscuro se puede ver un patio soleado y un hombre maniobrando con un extraño aparato. ¡Es un fotógrafo! Vamos! le dice mi abuela a su amiga. Señor, ¿cuánto nos cobra por una fotografía? Nunca se han hecho una foto. Rebuscan en sus monederos y juntan los reales. Tú mejor te sientas, Manuela, le dice Joña a mi abuela. ¡No se muevan! las alerta el fotógrafo metido bajo un trapo negro. Entonces estalla una luz y las dos amigas saltan juntas a la inmortalidad.

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