El día que ganó Trump

Hubo mucho insulto hacia los estadounidenses el día que ganó Trump. Pero yo no diría que el pueblo norteamericano es estúpido. Tal vez ignorantes, ciegos y hasta primarios, como muchos otros que estoy viendo de reojo, pero no les juzgo estúpidos como pueblo(s). No es así como yo veo la Historia, y estamos parados -y paralizados- en la mitad de ella. Entre otras, el mundo atraviesa una terrible crisis económica con una colosal crisis del empleo. El mundo del trabajo conocido se desmorona y la crisis mundial se evidencia con la huida de millones de personas de diversos estratos socioeconómicos y de todas las edades, principalmente jóvenes. Millones de jóvenes incluso de primer mundo huyen en estampida. Para que nadie sospeche hasta se han inventado patrañas de categorías como la denominada millenials. Otros millones de personas viven en mendicidad, en vulnerabilidad o en precariedad incluyendo a las capas medias pauperizadas y acorraladas por al menos 7 distintas formas de asfixia del capital vía impuestos, intereses bancarios, bajos salarios, precios, privatización de los derechos sociales básicos, terrorismo de consumo y saqueo de los sistemas de pensiones. Décadas de conquistas sociales se han visto pulverizadas y en la historia de algunos países ni siquiera se han visto. Estados Unidos no escapa a esa crisis y ninguna de las guerras e invasiones les ha servido para detener la caída en picada desde 2001. Pero el pueblo estadounidense no migra hacia afuera. Migran hacia dentro de sí, migra hacia el pasado más conservador como instinto de supervivencia, hacia la violencia autodestructiva, la apatía individualista, la ignorancia, el miedo y el autoritarismo. Y cada vez más millones, migran hacia la mendicidad. La vida allá no es menos dura y al igual que el resto, no ven horizonte. Somos muchos los pueblos que no hemos logrado la autodeterminación. Hay una crisis más severa y estructural que los republicanos al poder ya sea con un presidente más payaso o menos payaso y no podemos seguir dejando que el destino del mundo dependa de ello. Si vamos a salvarnos el día que esa «potencia» tenga un «buen gobierno», es porque hemos sido unos inútiles indignos de la supervivencia. El pueblo norteamericano, como el pueblo latinoamericano no tiene salida. Nadie va a salvarnos. Tenemos que emprender la revolución. No la de los libros ni la bolchevique ni la cubana, sino una revolución inédita con la materia real y racional de nuestro propio tiempo.

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