Granizo

Una vez en Atalaya cayó granizo. Solo en el centro del pueblo y en pleno verano. Fue algo espantoso y extraño. Apenas nos atrevíamos a mirar por la ventana. La lluvia de piedras de hielo azotaba la carretera y producía una especie de chillido terrible en el techo de zinc. Nos abrazábamos apiñados en una sola habitación y rezábamos esperando la muerte. Cuando cesó pensamos que saldríamos en las noticias pero nadie por los alrededores se dio por enterado y a quienes lo contamos no nos creyeron. No volvimos a tocar el tema. De aquel evento, por una vez, sentí que en el pueblo algo nos unía y que nos habíamos quedado solos.

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