Cuando hablan las mujeres

Tomo notas de cualquier cosa que suceda. En los foros políticos regionales que coordiné por más de una década, tomé nota de que una buena cantidad de políticos se paraban en banda al baño, a fumar, a hablar por teléfono, a atender periodistas o a beber café, cuando la conferenciante o ponente del momento era una mujer. Otros permanecían en sus puestos pero sin darse siquiera cuenta, simplemente dejaban de tomar apuntes o de prestar atención. Una especie de sordera programada y selectiva. Por ello tampoco era raro que cuando un hombre retomaba y validaba por fin la idea de una mujer, los demás hombres lo citaran a él como autor de la frase o la propuesta y no a su autora original. Una conducta deshoneta, acomplejada  y abusiva descaradamente disfrazada de civilización. Encima se perdían de mucho porque normalmente las mujeres que poníamos de conferenciantes eran el triple de calificadas. Algunos lo hicieron sin pensarlo; otros, perfectamente adrede. Solo los políticos avanzados ampliaron su conocimiento o al menos reconocieron a una par. Estos, desgraciadamente eran minorías de a uno contra cien.  Pero no hay que cejar ni dejar pasar esto por alto.  Siempre se tiene que señalar y poner estas cuestiones sobre el tapete en el momento y el lugar. El señalamiento y el reconocimiento dé estas conductas son esenciales en esa larga pero ineludible faena de desprogramación de la sordera patriarcal.

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