Miércoles

Estaba algo desganada por la falta de sabores fuertes cuando de pronto: invitación a un restaurante colombiano-salvadoreño. Bandeja paisa y tamal. Qué delicia! Y de fondo, puras canciones de Camilo Sesto y otros trágicos. En lo que esperaba mi orden me quedé viendo la decoración estrafalaria del lugar y descubrí que había extrañado esos desastres estéticos que tanto me recuerdan a mi abuela con sus decoraciones sin ton ni son, cuyo clímax pervive en el altar de santos de nuestra casa en Atalaya y que para mí ya trascendieron al grado de reliquia. Mientras el noticiero anunciaba que Alan García se había metido un tiro, Camilo Sesto gritaba que «Jamás, jamás he dejado de ser tuyo»… A lo mejor solo era maníaco-depresivo, pensé mientras cortaba el tamal. «Algo de mi se va muriendo. Quieeero vivir», cantaba luego Camilo Sesto. Quiero vivir, me dije yo también. Y me fui por la Saint Claire Avenue West comiéndome un dulce de la pastelería italiana. 
Eso fue el miércoles.

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