Perejil político

Estaba pensando en desarrollar unos foros sobre seguridad ciudadana para producir insumos y propuestas frente al nuevo gobierno. Confieso que es un tema que no me agrada, pero el cual me vi obligada a trabajar por una década, y tal vez de ahí, el compromiso. El asunto es que cuando te acostumbras a desarrollar foros públicos, debates, mesas de trabajo y diálogo político casi a diario, es inevitable que la coreografía, el hilo temático y los posibles desenlaces corran en segundos por tu mente desde el primer instante de su concepción. Y entonces me desanimé un poco porque volví a ver a alguien levantarse de entre el público a decir que está muy bueno el foro (porque en efecto es muy especializado y ¡qué nivel!), peeero que los organizadores debieron invitar al ministro, director o autoridad equis a que viniera a escuchar esta valiosa discusión. Un clásico de la ingenuidad humana que me saca un poco de quicio en adultos porque me tengo que aguantar las ganas de responder que si acaso no saben que las autoridades no vienen a tomar seminarios porque no necesitan aprender nada y mucho menos vienen a discutir en condiciones equitativas con la ciudadanía, excepto cuando la ciudadanía organizada es tan fuerte que se le puede volver un problema o, como suele suceder, cuando los despiden del cargo en el primer corte de medio período de gobierno. Y entonces ese día, el ministro caído o el director botado -después de haber ignorado por 24 meses nuestras súplicas- una mañana luminosa, aunque gris para él, se presenta por primera vez al foro ciudadano y me dice cosas raras como: «Vieras lo mal que se ha portado conmigo el presidente» o «me equivoqué de gente» o «gracias por tomarme en cuenta, no dejes de invitarme, me interesa, mira, aquí traigo un powerpoint», que a veces es la forma abreviada de decir: necesito tribuna o necesito terapia. Y, una vez más, entierro mis deseos secretos e inapropiados de darle una cachetada y abrazo al perejil de turno, al perejil de la bandeja de manjares que ahora todos apartan.