Sueños

Hoy salió 66 en la lotería. Yo había amanecido soñando con mi abuela. En el sueño ella no tendría más de 30 años y todavía vivía en La Casa Vieja en Guachapalí, antes del incendio. Tenía puesto un vestido nuevo muy lindo en color rosa vieja que se había hecho ella misma; corte línea A con escote en V. Ella se paraba frente a mi con los brazos en jarras y contoneaba sus hombros para que yo viera como sobresalían en el escote sus pechos prominentes. Al fondo sonaban los tambores. Era un 3 de noviembre y recordé que ella me dijo que fue en una gran festividad cuando el balcón viejo de la Casa Müller se vino abajo por el mal estado de las casas y el exceso de gente que se había apiñado ahí a ver el desfile. En el sueño, era este día y mi abuela, después de presumirme sus pechos me mostraba hacia la Casa Müller y me hacía señas de no subir a ver el desfile en ese balcón. Miré hacia allá y ví que el balcón ya se estaba llenando de gente y quise gritarles lo que iba a suceder en poco, pero el sueño se cortó.
Cuando desperté, ella misma estaba sentada a mi lado, ya vieja, y llamándome con apremio:
-¡Mija, mija, despierta! ¡Hoy cumplo nueve años de muerta! ¡Tienes que jugarle a la lotería!
-¡Máma! Precisamente soñaba contigo. Pero son muchos números, no sé a qué jugarle.
Entonces, aprovechando que ya estoy bien despierta, se pone de pie junto a mi cama, otra vez con los brazos en jarras y me pregunta:
-Bueno pues, y ¿qué te he dicho que juega soñar con tetas?
-¿Doble seis?

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